En esta ocasión, el Colegio Valdefuentes da voz al valor de la honestidad a través de Javier Pérez Mínguez, director de la Fundación Ana Carolina Díez Mahou y padre de este centro Educare. Una entrevista en la que Javier comparte con nosotros su historia personal, marcada por la experiencia de acompañar a su hijo y transformar el dolor en ayuda para cientos de familias. Una reflexión profunda sobre la verdad, la coherencia y el compromiso con los demás, demostrando cómo la honestidad se construye desde el ejemplo, especialmente en los momentos más difíciles.
Cuando escuchas la palabra honestidad, qué significa para ti en lo más personal?
Para mí la honestidad es vivir y actuar en consecuencia de lo que creo y pienso, buscando siempre un equilibrio entre mis necesidades y el impacto que estas generan en los demás. También es reconocer los errores diarios que cometemos para poder aprender y mejorar de ellos. Y decir la verdad, la sinceridad es siempre una virtud y un valor muy importante en mi vida personal.
Dirigir una fundación que trabaja con niños con enfermedades neuromusculares exige una enorme responsabilidad. ¿Cómo se traduce la honestidad en la gestión diaria?
La razón por la que puse en marcha nuestra Fundación Ana Carolina Díez Mahou es porque tuve una experiencia personal con el nacimiento de mi hijo Javi, un niño increíble que cambió radicalmente la vida de toda mi familia con el diagnóstico de una enfermedad mitocondrial. En su momento, lo más honesto conmigo y con mi familia fue tratar de ayudar a mi hijo y a otros niños y familias que estaban viviendo esta misma situación, con todas las necesidades que surgían en el día a día. Cuando llevábamos solamente un año de Fundación, mi hijo se va al cielo y todo nuestro mundo se derrumba. Como padre, viví todo el duelo con la ayuda de mi familia y con apoyo psicológico, lo que permitió darme cuenta de que seguir con la Fundación era la mejor terapia para mí y para mi familia, ya que nuestro hijo nos había dejado un legado y unos deberes que teníamos que continuar. De este modo, aunque el trabajo al frente de esta Fundación no siempre es fácil, Javi siempre me recuerda lo que somos, para quien trabajamos y al mismo tiempo es recordatorio, referencia y guía en todo lo que hacemos para otros niños enfermos y sus familias. Por todo ello, para mi gestión diaria, seguir al frente con la guía de mi hijo, es la forma más honesta que se me ocurre de hacer las cosas en la Fundación.
¿Crees que hoy la honestidad es un valor en riesgo en nuestra sociedad o, por el contrario, más necesario que nunca?
Creo que ambas cosas, por desgracia nuestros supuestos referentes (políticos, imágenes públicas, etc.) no siempre cumplen el valor de la honestidad, porque anteponen otros intereses que no son los más importantes sino los que de forma más directa pueden suponer un éxito inmediato. Nos hablan de responsabilidad, respeto e integridad, pero incumplen diariamente su propio mensaje. Creo sinceramente que este es el principal problema de nuestra sociedad, la búsqueda constante de la inmediatez y el egoísmo, que arrasan con todos los valores y con la honestidad de las personas. Por ello, a falta de valores, precisamente es el momento donde más necesidad tenemos de ellos y la honestidad es clave para que nuestra vida tenga sentido.


Desde tu experiencia, ¿la honestidad es innata o se educa?
Para mí está muy claro, no creo que la honestidad sea innata, influyen muchos más factores como la familia donde has nacido, ya que un porcentaje altísimo se aprende en casa y por supuesto también en el colegio. Después hay otro tanto por ciento que nos lo dan las experiencias que vivimos, esos pequeños o grandes «accidentes» y momentos difíciles que sufrimos en el trabajo, con nuestra familia, amistades, etc. En los peores momentos es donde el ser humano saca su mejor versión y también su parte más honesta. Pero no hay que despistarse porque muchas veces pensamos que lo tenemos todo aprendido y volvemos a caer en los mismos errores. La mentira, la falta de respeto y de honestidad siempre están acechando a la vuelta de la esquina.
¿Recuerdas algún momento profesional en el que actuar con honestidad haya supuesto asumir una decisión difícil?
Me surgen diariamente muchos momentos porque en mi trabajo en la Fundación trato con niños con enfermedades muy duras, que afectan a todos los aspectos de su vida: educación, ocio, relaciones sociales, autonomía… Siempre hay muchos dilemas que hay que resolver con honestidad, pero no siempre la solución es elegir el camino más fácil. He tenido que tomar decisiones muy duras, pero siempre pensando en lo mejor para los niños y las familias.
La Fundación acompaña a familias que viven situaciones muy complejas. ¿Cómo se comunica la verdad cuando la realidad es dura?
En mi caso cuento con la ventaja de ser un director de Fundación que ha vivido la experiencia en primera persona por lo que las familias me piden total sinceridad y transparencia en todo lo que les cuento y oriento. Esto no significa que tengamos que ser excesivamente negativos o pesimistas ante una realidad muy dura como la que viven nuestras familias con niños con enfermedades neuromusculares, que normalmente son degenerativas y en muchos casos tienen la esperanza de vida corta- Es necesario ser consciente de todo, pero al mismo tiempo tengo que transmitirles normalidad y ganas de luchar en todo el camino que les queda. Como padres no podemos tirar la toalla y a pesar de toda la información tan devastadora que nos suelen transmitir los médicos (a veces sin ninguna empatía), es necesario tener una mentalidad positiva y de lucha diaria. Por todo ello, trato de ser muy honesto y sincero a la hora de transmitir la realidad, pero siempre con la mentalidad de «vale esto es todo lo que tu hijo no puede hacer ahora mismo, pero vamos con todo lo que sí puede hacer y adelante». Nuestro lema siempre es «PROHIBIDO RENDIRSE»
En el liderazgo, ¿qué diferencia a una persona honesta de una simplemente correcta?
Para liderar cualquier equipo o grupo de personas lo primero y más importante es cundir con el ejemplo y ser el primero en aplicar todos los mandamientos. Para ello, no vale solo con ser correcto e intentar pasar desapercibido. Es necesario mojarse, aunque a veces es mucho más difícil decir la verdad como hemos comentado en la respuesta anterior.
¿Cómo se construye confianza en una organización social?
Es una suma de mil factores: experiencia y años de trabajo, concienciación, cumplir con la misión y objetivos, total transparencia, dar visibilidad y mucha difusión, generar mucho valor para los beneficiarios. Al final nos acabamos convirtiendo en una pequeña-gran familia, esa otra que no es de sangre pero que es fundamental en el viaje que vivimos con nuestros chavales enfermos.

¿Qué papel juega la transparencia en el tercer sector y en las instituciones que trabajan con menores y familias?
Para mí es clave por muchas razones: primero porque por desgracia la imagen del tercer sector no siempre ha sido positiva y han existido algunos casos puntuales de mala praxis que han perjudicado al resto, por lo que es importante que todo lo que hagamos tenga la mayor transparencia (publicación oficial de cuentas y memoria, difusión de las actividades…) Además, creo que las entidades del tercer sector tenemos que tender a profesionalizarnos en todos los sentidos y transmitir una imagen pulcra con cuenta de resultados, además de siempre comunicar lo que hacemos con las donaciones y recaudaciones. Más si cabe las que nos dedicamos a menores y familias, ya que es un grupo especialmente sensible.
Si pensamos en educación, ¿qué pueden hacer los colegios para formar alumnos honestos en un mundo tan competitivo?
Es complicado porque tanto la sociedad como los padres, el entorno laboral y la presión mediática siempre apuntan más hacía la competitividad, la excelencia y ser el mejor en todo lo que hacemos, pero se nos olvida la parte fundamental de la formación de los niños que es de los valores humanos, el compañerismo, la solidaridad, la inteligencia emocional y por supuesto, la honestidad. Por ello, en los colegios deberían hacer mucho más hincapié en estos valores, pero no a través de una asignatura específica sino en todas y cada una de las ya existentes, y a través de más charlas de concienciación con entidades sociales.
¿Qué ejemplo cree que debemos dar los adultos cuando hablamos de honestidad a niños y adolescentes?
Nuestro ejemplo como adultos lo es todo para los niños y adolescentes. En el caso de los más pequeños somos su mejor y única referencia. Ellos tratan de imitarnos y aprender de todo lo que hacemos, por eso la honestidad es mejor no explicarla sino aplicarla en nuestro día a día. En el caso de los adolescentes se complica un poco más porque sus referencias empiezan a ser más sus amigos o personas de su edad, por lo que tenemos que entender esta nueva realidad y siempre estar ahí para dar ejemplo y cuando lo necesiten. Aunque parece que a veces están más despistados o que hacen más caso de sus amigos, siempre están observándonos y sigue siendo muy importante para ellos nuestro ejemplo.
Creo que el mensaje sería que recuerden siempre el por qué y para qué hacen las cosas, no perder nunca el origen y el motivo por el cuál estudian, son buenos compañeros, hijos y hermanos, y ser conscientes que la honestidad siempre es un valor que nos hace crecer y ser mejores personas.